Vivimos la vida monástica, inserta en el medio donde residimos: en la ciudad o la periferia.



Antiguamente, los monjes se retiraban al desierto. Lo que más adelante se llamó “fuga mundi. La vida de Antonio y muchos de los apotegmas de los Padres del Desierto enseñan que el desierto era el lugar de la lucha entre el bien y el mal, Dios y el Demonio, el monje y las fuerzas del mal.


Actualmente, el mal en todas sus dimensiones lo encontramos en la ciudad. En ella se dan las formas más groseras de explotación: laboral, sexual, infantil. En ella encontramos las formas más burdas del individualismo y competición, donde la otra persona no es el prójimo sino oponente, quien me genera sospecha. En ella encontramos las peores expresiones del consumismo: todo tiene precio, todo se comercializa, todo se cambia y renueva, todo se desecha. No hay un lugar más agresivo y hostil que la ciudad: bocinas, velocidad, gritos, peleas, insultos, amenazas, hurtos, rapiñas, homicidios, violencia familiar.


Si existe un lugar donde reside el mal, esa es la ciudad. Ese es el lugar que elegimos para desarrollar nuestra experiencia; el lugar donde, según los Padres del desierto, se da el combate espiritual. La ciudad nos desafía a resistir y transformarnos para no ser absorbidos por el sistema imperante.


Plantearnos en la actualidad la “fuga mundi” y “el combate espiritual” implica, salir de los parámetros imperantes en la sociedad y la cultura; renunciar a ser parte de la lógica urbana individualista, competitiva, consumista, utilitaria; adentrarnos en el interior de la ciudad para desarrollar los valores evangélicos: la acogida, la solidaridad, la cooperación, el respeto, el uso racional de los recursos, el ser mejor persona por encima del tener o el hacer. Nuestros hábitos de vida deben hacer que nos parezcamos a “bichos raros” para nuestros vecinos.


La ciudad es el lugar de la lucha para transformar las estructuras injustas e insolidarias comenzando en primer lugar por nosotros mismos. Ningún cambio es posible si no se da primero en uno mismo.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Regla Monástica del Eremitorio Emaús

Oficio Divino en el Tiempo del Espíritu Santo.

Oficio Divino para el Tiempo de Renovación o Cuaresma.